Cuentos y Poemas


Cuento que acompaña la carta número 2, La Rana, en nuestro libro Yoga Bhajan:




Cuenta una historia que hace mucho tiempo en un reinado
había un rey que ya era viejito. Necesitaba encontrar su sucesor.
Pensó como reconocer el mejor líder para su pueblo y se le ocurrió
una gran idea…
Convocó a todos los animales del bosque. En sus manos el rey
tenía semillas de variados colores, tamaños y texturas. A cada uno
de los animales le entregó una semilla diferente. Y con una voz
alta les anunció que volvieran la próxima primavera y mostraran
en qué se había transformado su semilla.
El cuervo salió volando de lo más entusiasmado alardeando
sus poderes de jardinería… El camello tranquilo caminó su viaje
de vuelta a casa con su semilla protegida entre sus jorobas. El
escorpión en cambio la llevaba pinzada en su cola. La tortuga en
su caparazón haciendo equilibrio; el pavo real en sus plumas; el
sapo la llevaba de salto en salto. El león la llevaba en sus bigotes,
la ardilla en sus orejas; el perro y el gato la llevaban en sus bocas,
calladitos sin decir una palabra para que no se cayera. El águila
se la puso en su pico. El elefante en su trompa. El mono la agarró
con su cola espiralada.
¿Y la rana? La ranita había llevado un caracol especial para
su semilla. Pensaba que a la semilla le gustaría ir escuchando la
música del mar hasta encontrarse con la tierra. Con mucho cuidado
caminó de regreso a su casa, cargando el caracol con la semilla
adentro, sin dar ni un salto.
Pasó el invierno. La ranita regaba todas las mañanas, al salir
el sol, su semilla, que aún se encontraba dormida. Llegó la primavera
y se acercaba el momento de regresar al palacio. La ranita
no entendía por qué su semilla aún no despertaba. Le cantaba, la
regaba… pero nada.
El cuervo gritaba que su flor era violeta y enorme… El camello
tranquilo se hacía el misterioso, el mono, con su sonrisa, un día
decía que su flor era amarilla y al otro, roja… el sapo fanfarroneaba
que su flor ya estaba muy grande. ¿Y la ranita? Nada, ni un brote.
Sus amigos le sugirieron que ni apareciera en el palacio. Pero ella
decidió ir igual y decirle la verdad al rey. Esta vez sí fue saltando y
saltando bien alto con su maceta vacía. Cuando el rey los recibió,
miró atento todas las flores. Muchos animalitos no estaban. La rana
observaba desde un rincón lejano. El rey se le acercó, miró su maceta
y contento la abrazó. Le puso la corona y la felicitó.
La ranita estaba desconcertada. “Pero su majestad”, dijo, “no
tengo ni una flor, sólo una maceta vacía”.
El rey movió la tierra donde se asomaba un brote escondido
y le dijo: “Tu semilla es de un árbol que crece muy lento pero es
grande y fuerte. Te felicito por tu coraje de ser honesta. Serás la
futura emperatriz.
La Rana te enseña la importancia de decir la Verdad.



Cuento que acompaña la carta número 3, Lila:
(historia verídica)




Era el primer día que Govinda iba al Hospital de Niños para
hacer servicio. Estaba un poco nerviosa. En verdad no sabía qué
hacer con los niños. Ese primer día…
“¿Qué puedo hacer por un niño que está en la camita de un
hospital?”.
Se preguntaba mientras iba llegando. Y lo mejor que se le
ocurrió fue rezar.
Entonces escuchó la intuición desde su corazón que le daba la ideade comprar globos y que los niños escribieran una carta en ellos.
Así lo hizo, ¡y qué bendición el ver a los niños tan entusiasmados
con la idea!
¡Qué bello juego, qué bella Lila!
Govinda ha estado visitando el Hospital por bastante tiempo, y
ha observado cientos de cartas de globos. Y los chicos inventaron el
“Club del Globo”. La mayoría de los niños escriben su primera carta
globo a su mamá, luego su Papá, abuelas, hermanos, amigos, enfermeras,
pero hubo un niño que escribió su primer globo a su loro.
Fue un globo de lo más gracioso. Comenzaba así: “Querido
Loro, podrías parar de decirme repetidamente sin parar:
¿A dónde vas? ¿A dónde vas? ¿A dónde vas?”.



Cuento que acompaña la carta número 5: El León




Había una vez un león que le encantaba comerse las uñas.
Esto le creaba grandes problemas. Los leones de su manada se
burlaban de él, y le decían que no podía cazar ni escalar con sus
uñas de mariposa…
“Las mariposas no tienen uñas”, les contestaba indiferente
mientras caminaba para otro lado, “tienen alas”.
Pero por dentro no le gustaba y se sentía solo. Esto lo ponía
mas nervioso y se comía aun más intensamente sus uñas, a veces
le llegaban a sangrar.
Un día caminaba por el bosque solitario cuando al cruzar un
arroyo escuchó una fina voz que venía desde abajo. Era una ranita
que cantaba:
Sos un león,
Sos un rugir,
Recuerda, recuerda
Está adentro de ti.
El león miró cuando la ranita saltó al fondo del arroyo profundizándose
entre los musgos.
Y el león pensó… hace cuánto tiempo que no rujo, ¡ya casi
lo olvidé!
Su cuerpo se estremeció, y rápidamente corrió a un claro en lo
profundo, bien profundo del bosque, donde unas piedras se escondían.
Siempre que estaba triste iba ahí para escuchar el silencio.
Pero esta vez fue con otra intención.
Rugió y rugió sin parar, día y noche, noche y día. Feliz estaba
de reencontrarse con su poder y su fuerza. El rugido venía desde
lo más profundo de su ser. Cada vez más potente, más penetrante,
más intenso.
De repente abrió los ojos, y todos los leones lo estaban escuchando
con mucho respeto.
El león te invita a vivir con coraje y encontrar
tu rugido más profundo.



Cuento que acompaña la carta número 25:




Recuerdo cuando mi pelaje era dorado y bello, usaba un collar
plateado y las manos que me movían eran suaves. El piso que
barría estaba casi limpio…
¡Ser una escoba de palacio! Que épocas. Todo cambia. Ahora
hace frío y estoy tirada en el medio de la nieve del bosque. Mis
pelos quebrados son de paja dura, del collar no quedó nada.
¡Ay…! este viento que me mueve y me eleva. Caigo justo al
lado del plumero, a él también lo tiraron cuando limpiaron los
roperos. Ya no servimos más.
De repente viene un viejito juntando leña. Yo me estiro para que
me vea. ¡Aleluya! Me recoge. Estoy tan feliz en sus brazos…
Llegamos a una aldea entre montañas nevadas. Entramos a una
casita y junto al pequeño fuego hay una abuela tejiendo. Hace frío.
Siento que tengo que entregarme al fuego. Su susurro me abrasa. Me
dejo caer. Mi madera se transforma en calor, el susurro en canto.
La viejita acerca sus manos al fuego que revive. Los abuelitos
se miran llenos de ternura y paz. El calor de sus sonrisas nos
abraza a todos.



Cuento que acompaña la carta 26, El Escorpión:




Cuenta un antiguo cuento que había un escorpión con ganas
de cruzar el río. Se acercó a la orilla y le pidió a un sapo que lo
cruce. En la antigua historia el sapo desconfiado le preguntó al
escorpión si no le iba a clavar el aguijón, teniéndolo tan cerca. El
escorpión se rió y le contestó irónico, “si te clavo mi veneno, te
ahogarías y me ahogaría contigo, sería más que tonto…” la historia
continúa y cuando casi están llegando a la otra orilla del río,
el escorpión pica al sapo. Mientras se están ahogando el sapo le
pregunta “¿Por qué?” Y el escorpión le contesta, “por que es mi
instinto…”.
En nuestra historia, que no es antigua sino bien fresquita,
(Shh, es un secreto, pero la estamos inventando mientras la
escribimos) el sapo no es para nada mal pensado. Ni se le ocurre
hacerle al escorpión tal pregunta. Más bien, le pide que se
agarre fuerte de su cuello para que no se patine. Y todo el tiempo
mientras van cruzando el río, el sapo le hace un montón de
preguntas.
Cuál es su color preferido, el lugar que más le gusta esconderse.
Hacia donde se dirigía y de dónde venía. Hasta le pidió que
le cantara una canción. No pararon de compartir y rápidamente
estaban del otro lado del río. El escorpión saltó del cuello del sapo
agradeciéndole por tanta amabilidad. Y el sapo contento saltó de
vuelta al río.

Carta 43 GATO-VACA, CAT-COW, MARJARASANA


Canción Poema
Rama que te ama
Cada día al despertarme
Veo un bultito en su cama
que ronronea y me ama,
Es el mimoso de Rama.
Mientras me pongo la ropa
Él me persigue y me toca.
Mi media estira en su boca,
A veces me vuelve loca.
Cuando cepillo los dientes
Rama tira mis cordones.
Mientras hago su comida
Rama muerde mis botones.
Y cuando busco mis libros
Él revuelve los cajones.
Si yo me voy al colegio
Él me mira, sentadito.
Y me espera en la ventana
Cariñoso y muy mansito.
Cuando vuelvo, de alegría,
su colita se levanta.
Y en el idioma gatuno,
Mientras se ovilla en su cama
Maúlla todos los días.
“Yo soy Rama
El que te ama”.

Carta 19, ÁGUILA, EAGLE, GARUDARASANAA

Poema: Volando alto
Pequeña águila
Confía en sus alas.
Se deja caer,
A la corriente del viento.
El vacío inmenso
La recibe.
En libertad flamea
Sin equipaje.
Los ojos bien abiertos
Del águila vuelan
Su primer vuelo
En los altos cielos.
Flameando sobre
El día y la noche,
Entre el amanecer
Y el atardecer.
El pichón deja
Su plumaje suave
Y se transforma.
Sus plumas más gruesas
Lo suspenden
En el aire fino…
Vuela alto
Sin dudar
Que el Gran Espíritu
Te sostiene
Para realizar
Tus Sueños…